La economía circular de las ideas

En Madrid existe un barrio llamado La Prosperidad (“la prospe”), y en Barcelona otro llamado “Prosperitat”. Como sabían ya nuestros abuelos cuando migraron desde el campo a mitad del siglo XX, las ciudades son generadores de “prosperidad” (con sus desigualdades, diferencias e imperfecciones). Ocurre que, a medida que la población urbana aumenta (y ya somos más de 3.500 millones) surgen nuevos problemas que es necesario afrontar, como la contaminación, la inseguridad (fruto de la combinación entre desigualdad y proximidad), o la movilidad. Cuando aplicamos la tecnología para buscar soluciones hablamos entonces de “Smart Cities” o “Ciudades Inteligentes” (aunque aplicar el adjetivo “inteligente” a un lugar habitado por multitud de seres humanos no sea sino alimentar un monumental oxímoron).

La inteligencia de las ciudades la prueba el hecho de que éstas siempre han sido generadores de soluciones para nuestros problemas más acuciantes: ofrecieron seguridad en la Edad Media, propagaron el virus emancipador de la Ilustración, y representaron la esperanza del ascensor social durante la revolución industrial. Con cada oleada de nuevos habitantes, tuvieron que ingeniárselas para lidiar con nuevas dificultades derivadas de la concentración de población: primero fueron los sistemas para la conservación, almacenamiento y distribución de agua y alimentos lejos de sus centros de producción. Después, las redes de saneamiento. Finalmente, las grandes infraestructuras viarias para conectar los centros de trabajo con las zonas residenciales, siguiendo un modelo “zonificación” y de expansión urbana tan insostenible medioambientalmente como empobrecedor de nuestra vida ciudadana. Sigue leyendo

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Los 10 posts más leídos sobre innovación urbana de 2016

Es curioso, porque aunque 2016 ha quedado definitivamente enmarcado en el rectángulo del retrovisor, nos da la impresión de que su huella, en lugar de irse empequeñeciendo a medida que el tiempo transcurre hacia adelante, se va a hacer cada vez más presente. Como si fuésemos avanzando por una carretera en la que viésemos los carteles al revés, anunciándonos los lugares que ya hemos dejado atrás: la materialización de la victoria de Trump, los efectos del Brexit sobre la política y economía europeas, los cambios políticos que (aún) están por llegar como consecuencia de la onda expansiva proveniente de Siria…

En lo que respecta al mundo de la innovación y de las ciudades, el año que acaba no nos ha traído cambios especialmente disruptivos; diríamos más bien que ha sido un tiempo de acentuación de tendencias, en el que ciertos fenómenos aparecidos con anterioridad se han hecho más presentes y nos han mostrado cuán relevantes serán para el futuro. Al igual que hablamos de geopolítica, quizás deberíamos empezar a hablar de geo-innovación: innovación a gran escala con un hondo impacto en nuestras vidas cotidianas. En OpenYourCity hemos seguido pensando, aprendiendo y leyendo sobre el mundo en que vivimos y el que nos espera. A veces mirando al pasado para tratar de anticipar el futuro, y otras veces escudriñando el mundo que viene solamente para acabar de comprender mejor el momento en que vivimos.

Los artículos que aparecen a continuación han sido los más leídos por nuestros lectores en 2016. Queden escritos en el umbral del nuevo año que comienza a modo de resumen de lo que dejamos atrás, o como anticipo de lo que viene. Sigue leyendo

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Retención de datos y privacidad

track-and-treasureRecientemente Telefonica ha anunciado una plataforma para recoger todos los datos que se comparten con los OTT *
La plataforma mostrará los datos compartidos por usuarios, siguiendo sus propias normas de configuración, por ejemplo, la localización, sensores del teléfono, links de navegación, etc.
Parece ser que esta plataforma busca tener una posición de fuerza ante las compañías en una situación de beneficios menguantes y competencia creciente. Las OTT ofrecen más servicios, los usuarios requieren más, la inversión en redes la soporta el operador, pero el grueso de los beneficios se los lleva la OTT. Sigue leyendo

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Herramientas matemáticas para comprender las ciudades

Post anterior: Fundamentos matemáticos de la complejidad urbana.

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Grafo bi-partito con diferentes cantidades de flujo entre nodos. Fuente: Michael Batty. www.complexityinfo.com

Como escribíamos en el primer post de esta serie, comprender las redes y sus flujos, bien sean de tráfico, sociales, financieros, o energéticos, es necesario para comprender las ciudades, pero no es suficiente. Las redes están relacionadas unas con otras, en una superposición de niveles que dista mucho de ser estanca. Por ejemplo, la distribución de energía en la ciudad tiene relación con la actividad comercial, industrial, y ésta, a su vez, con la movilidad. Se trata de redes interrelacionadas. Para comprender la ciudad es necesario, por tanto, considerar relaciones entre redes, o grafos, distintos. Sigue leyendo

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Matemáticas y urbanismo (I): fundamentos de la complejidad urbana

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Foto de www.hsj.co.uk

A nadie debería sorprenderle el maridaje entre matemáticas y urbanismo. Vivimos en un mundo y una época esencialmente urbanas; un proceso de urbanización que coincide con importantes retos a nivel global. Retos que van desde la búsqueda de una prosperidad económica más justa y equilibrada hasta la lucha contra el cambio climático, pasando por la mejora de la calidad de vida y la cohesión social. Para todo ello, las ciudades, hogar de más del 50% de la población mundial, son palancas de cambio imprescindibles, y no es de extrañar que hacia ellas se vuelquen los avances científicos realizados en numerosas disciplinas: sociología, economía, política, pero también biología, o astrofísica. 

Es en la relación entre urbanismo y matemáticas donde se centra el núcleo de la contribución de Michael Batty, geógrafo y profesor en el University College de Londres quien, en su último libro “The new science of cities” (La nueva ciencia de las ciudades) propone un buen número de herramientas matemáticas para comprender mejor esos fascinantes ecosistemas, en gran medida aún desconocidos, como son las aglomeraciones urbanas. Sigue leyendo

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Ciudades digitales del bien común

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Fotografía: @EBiencomun

¿Son posibles las ciudades digitales del bien común? ¿Podemos empezar a imaginarlas? ¿Es posible construirlas o, por el contrario, son y seguirán siendo una utopÍa? El 17 de Junio de 2016 tuvimos la suerte de participar en nuestra ciudad, Zaragoza, en la mesa redonda “La como marco de encuentro para la transformación económica y social”, que sirvió de arranque para la tercera Asamblea de la Economía del Bien Común.

Para empezar, sean cuales sean los pasos para poner en marcha una economía del bien común éstos pasarán por las ciudades, aunque sólo sea porque es en ellas donde la gente ha decidido vivir. Y donde hay mucha gente, hay muchas ideas, por eso nuestro trabajo consiste en conectarlas con las infraestructuras digitales de la ciudad. De esta manera podemos aspirar a diseñar los servicios públicos no de abajo a arriba, sino de manera colaborativa. Por eso hemos puesto en marcha, nos recuerda la concejal Teresa Artigas en la inauguración, laboratorios como el Open Urban Lab. Sigue leyendo

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Desatar la innovación. ¿Programar la innovación? ¿Medir la innovación?

proceso_idea(A partir de lecturas cruzadas)

Innovación es una de esas palabras con significado elástico que hemos incorporado con más o menos acierto a nuestro discurso diario y que sazona desde hace tiempo, como quien pone azúcar en el café, la retórica con la que se presentan las empresas e incluso los líderes políticos. Todo el mundo innova o quiere innovar. Lamentablemente en España la innovación no pasa en muchas ocasiones de esa retórica, a tenor de lo que indica el Informe COTEC 2015 sobre la evolución de la I+D+i, en el que los indicadores más relevantes empeoran desde el año 2012 de manera preocupante, tanto en el sector público como en el privado.

En esta línea, según McKinsey el 70% de los líderes empresariales pregonan a los cuatro vientos lo esencial de la innovación en el desarrollo de su estrategias corporativas mientras que sólo el 22% llevan cabo una evaluación del resultado real de esa innovación.

Cuando hablamos de generar innovación, parece que la única certeza es que no hay certezas, salvo quizá la presencia casi recurrente de capital intelectual, financiación y diversidad social. Más allá de esto (considerados únicamente como ingredientes necesarios y no suficientes), las recetas para desatar la innovación divergen enormemente en función del sector económico, el tipo de empresa o la posición del analista de turno. Por ello se debate con pasión de forma recurrente sobre si existen mecanismos que permitan planificar o sistematizar la innovación en las empresas, y si, en consecuencia, la innovación se puede medir, e incluso si esto último es adecuado. Sigue leyendo

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