Ciudad 9000

coffee_grinderUna de las cosas que aprendimos los que nos criamos leyendo ciencia ficción, es que para que algo suceda, es necesario imaginarlo.

Todos conocemos obras en las que aparece un súper computador omnipresente y omnisciente que es capaz de servir y atender a los humanos, desde HAL 9000 de “2001, una odisea en el espacio” (del que toma el nombre este artículo), Multivac, WOPR, etc. Dejando aparte el mito del Golem que se rebela contra los humanos tan usado en estas obras, podemos decir que este ordenador empieza a existir. Es el conjunto de servicios en una ciudad.

Así que vamos a plantear una propuesta:
“Quiero que mi cafetera me despierte 20 minutos antes de que haya una bici de alquiler disponible. Y que la reserve en la parada a mi nombre”
No estaría nada mal. En lugar de coches de conducción automática, bicicletas a nuestra disposición ¡y café recién hecho!

Como en los programas de TV de cocina o bricolaje, vayamos con la lista de ingredientes:

  • Bicicletas de alquiler.
  • Internet.
  • Tarjetas Ciudadanas.
  • Electrodomésticos programables.
  • Café.

La bicicleta de alquiler representa aquí a todos los servicios compartidos que se prestan en las ciudades, ya sean servicios públicos, (bike sharing), prestados por empresas (bus, taxi) o entre personas (car sharing). Aquí se abre un espacio para la economía colaborativa.
Internet en las ciudades es algo más que la conexión de casa o del móvil, es la capa que une a todas las células del tejido de la ciudad. No lo olvidemos, una buena red, tupida, accesible, rápida y barata permite que el oxígeno circule con fluidez.

Tarjetas Ciudadanas. Es el interfaz entre los humanos y este super computador. Funciona como la llave que permite el acceso a los servicios. Aquí se encarga de dejar en la parada una bicicleta con una nota “Reservada”

Electrodomésticos programables. La versión doméstica de Internet de las cosas. En este caso es una cafetera la que habla con la ciudad, pero ¿Por qué no habla tu calefacción con la del vecino para que los dos paguéis menos? Y tú nevera con el resto del edificio para saber ¿Quién me presta un huevo?

Café. Importante: el café de comercio justo sabe exactamente igual que el otro, pero deja mejor “sabor”.

Ahora veamos como lo prepararíamos.

Primero vamos a programar nuestro servicio de bicicletas de alquiler. La bici es una de las formas más rápidas, limpias y cómodas. ¿Inconvenientes? Por este orden: la legislación anticiclista, las cuestas y el clima. Este servicio tiene que estar conectado a Internet, validar a los usuarios y tener un interfaz programable que permita al ciudadano programador de turno desarrollar el sistema de reservas. Estos interfaces de programación deberían expandirse a todas las licitaciones públicas. Ya no hablamos de software libre, sino de sistemas que se conecten de forma abierta.

A continuación pondremos a las personas con acceso a Internet. Empieza a suceder una suerte de exclusión digital que ha crecido como una mutación de la brecha digital, ya no sólo no tiene acceso quien no “entiende” la red sino quien teniendo acceso a Internet, no puede pagar sus dispositivos, su uso o su servicio. La nueva pobreza digital.

Desplegaremos una tarjeta ciudadana. No tiene que ser una tarjeta, sino un vínculo digital, la manivela de la puerta que permite a los vecinos de la ciudad acceder a los servicios a los que disponen. Sin ningún tipo de brecha. La administración y no otras corporaciones son los garantes de la privacidad, la prestación de servicios y el alcance de los mismos. Si usted no tiene una todavía, pregúnteme cómo.

Programe su cafetera. En serio, con un Arduino o con alguna otra plataforma de microordenadores no es tan complicado ¿Su cafetera no se deja programar? Eso sí que es obsolescencia programada. Todavía tiene dos alternativas, se puede convertir en un hacker y modificarla o pasarse al té. Si ninguna de estas le parece razonable, es posible que esté creando un nicho de mercado para que estos “Ciudadanos programadores” empiecen a desarrollar el “Internet de sus cosas”.

Esto no deja de ser un ejercicio jocoso de imaginación, pero piense en la frase “te lo mando por whatsapp” que puede oír hoy a personas de cualquier edad en cualquier lugar. ¿Cómo le explicaría eso a esas mismas personas hace veinte años? Esa es la sociedad que hemos de imaginar para los próximos diez.