La ciudad en 2020

El pasado 17 de Octubre participamos en el cierre del proyecto “Ciudad 2020” junto con el resto de miembros del consorcio. La Escuela de Ingenieros de Telecomunicación de la Universidad Politécnica de Madrid fue testigo de unos resultados de proyecto que solidifican algunos de los preceptos sobre las que las ciudades inteligentes de los próximos años van a construirse:

  • el papel de la ciudadanía en el diseño y la construcción de ciudad va a redefinirse a pasos agigantados. Hemos pasado en unos pocos años del absolutismo “smart” al “despotismo ilustrado” o citizentrismo (“todo para el ciudadano pero sin el ciudadano”) y, de ahí, al modelo “Portoalegre” (“la ciudad se diseña desde abajo”) a medida que nuestra sociedad demandaba, arrastrada por el 15M y post-15M, una participación más directa. Por supuesto, estamos hablando de discurso, pues la realidad va mucho más lenta que los cambios conceptuales. La construcción de la ciudad desde abajo está, de momento, circunscrita a la gestión de espacios concretos. Entre otras cosas porque nadie sabe realmente cómo se construye “toda” una ciudad desde abajo. Sin embargo, y a medida que las nuevas corporaciones añadan las necesarias dosis de “realpolitik” a su gestión, la ciudad irá virando hacia un modelo mucho más interesante: la co-creación de servicios “con” y “por” la ciudadanía, de una manera colaborativa entre todos los agentes institucionales, empresariales y cívicos.

  • el rol de la tecnología como elemento transversal facilitador o habilitador de servicios avanzados en el campo energético, de movilidad o medioambiental se va a acrecentar, lo cual no quiere decir necesariamente que las ciudades deban aumentar sus inversiones en tecnología (aunque a nadie le amarga una buena red de fibra). La tecnología y la innovación llegan a las ciudades sin pedir permiso ni a los Ayuntamientos ni a las concesionarias de servicios. Por tanto, el desafío mínimo para estos agentes es, de momento, de adaptación a los cambios tecnológicos. Y sólo aquellas ciudades que quieran tener un papel más relevante y deseen que sus ciudadanos ganen autonomía frente a la tecnificación y a la globalización deberán adoptar un enfoque de liderazgo innovador en su ámbito territorial. No está escrito que los Ayuntamientos deban aceptar un papel secundario en la innovación, pero sí que, si desean ejercerlo, precisarán de buenas dosis de visión y liderazgo político.
  • van a aparecer sistemas de indicadores, de momento verticalizados pero con tendencia a la horizontalidad, en una lenta evolución hacia cuadros de mando integrales de ciudad. Medir la calidad de los servicios urbanos facilita su mejora, su control y la necesaria rendición de cuentas a la ciudadanía. Pero también, si somos capaces de abrir los datos de estos cuadros de mando, y si somos capaces de unificar criterios de medida a nivel nacional y europeo, podemos generar un estímulo adicional de mejora. Este es uno de los objetivos del proyecto europeo Citykeys, del programa Horizonte 2020, un proyecto que para nosotros complementa perfectamente a nivel europeo lo que Ciudad 2020 supone a nivel nacional. La RECI y AENOR trabajan igualmente en este sentido, y no tenemos ninguna duda de que las plataformas tecnológicas de distintos fabricantes irán permitiendo poco a poco la implementación en tiempo real de esta idea de “cuadro de mando integral de ciudad”

Es posible que, comparado con otros artículos aparecidos en este blog, estas ideas no suenen excesivamente rompedoras. Pero párese a pensar el lector que estamos hablando de cómo será su actual ciudad en 2020, una fecha que está a la vuelta de la esquina ¿De verdad se la imaginaba radicalmente diferente a como es ahora? Como decíamos al principio, en tecnología es casi necesario que se deje de hablar de un concepto para que ese concepto se haga realidad. Ahora que nadie habla de la e-administración es cuando podemos aspirar a hacer un número significativo de trámites on-line. Esperamos, por tanto, que el concepto “smart city” abandone el poco “sex appeal” que le queda para que podamos empezar a tener ciudades más eficientes y más baratas de operar, que den mayores y mejores oportunidades a sus ciudadanos en forma de empleos, que contribuyan, todavía más, a mejorar la calidad de vida de quienes las habitan y, finalmente, que aspiren a resolver de una vez por todas nuestro problema fundamental: el agotamiento de los recursos de nuestro querido, viejo y entrañable planeta Tierra.

Pero todo ello no sucederá en 2020, por mucho que el proyecto “Ciudad 2020” haya sido un éxito. Por ello, habrá que ir pensando ya en plantear los retos de 2030. La ciudad se ha de convertir en una verdadera plataforma de innovación para sus agentes. Pasar del open data al “open big data”, romper silos, trabajar a nivel de procesos (agilismo, lean startup, código abierto), humanizar las interfaces, recuperar la manufactura en suelo urbano… serán algunas de nuestras aportaciones a los proyectos que empiecen a plantearse a partir de ahora.