Ciudades dueñas de su propio destino

El destino de cada una de nuestras ciudades no está escrito de antemano: pueden languidecer, florecer o colapsarse. Lo que sí está escrito, documentado, y es además de sentido común, es que todas las ciudades poseen el principal valor para afrontar cualquier desafío, sea medioambiental, social o económico: gente. Mucha gente. Gente variada. A través de la gente vienen las ideas. Si a las ideas se les suma el talento, éstas tienen más posibilidades de materializarse en proyectos e iniciativas emprendedoras (públicas o privadas). Si al talento y las ideas se les añade el acceso a la financiación y unas mínimas infraestructuras, tenemos desarrollo económico y empleo, y a través de ello impuestos y unos buenos servicios públicos. Y gracias a los servicios públicos obtenemos más educación (más talento), más seguridad y más calidad de vida. Todo empieza, pues, con las ciudades, su gente y sus ideas.

“Seizing our destiny” es el título de un pequeño e ilustrador libro editado por el Intelligent Community Forum en el que se muestran los casos de ciudades de tamaños diversos que, en medio de un ciclo económico duro, han invertido la tendencia y se han configurado como polos de materialización de buenas ideas y de crecimiento económico.

Quebec City (Canadá), Austin (EE.UU), Oulu (Finlandia) o Taichung City (Taiwan) son algunas de estas ciudades que han conseguido darle la vuelta a la tortilla de la crisis. Cada una ha buscado su propia estrategia, pero en todas ellas se revela un patrón similar, formado por 4 elementos clave:

– un papel destacado de las Universidades del entorno como proveedores de talento y de capacidades, en algunos casos incluso promoviendo sus propias incubadoras de empresas y proyectos

– despliegues importantes de infraestructuras de conectividad, tanto mediante fibra óptica como a través de redes inalámbricas (WiFi y redes móviles de datos), a menudo impulsadas por las administraciones públicas

– acceso a fuentes de financiación de capital alternativas a los bancos tradicionales, mediante fondos de capital semilla, inversores privados, etc

– muy alta implicación de las instituciones locales y regionales en la estrategia, como impulsores de la misma y como facilitadores de su despliegue

Ser una ciudad inteligente en el sentido meramente tecnológico no es suficiente. La estrategia debe ampliarse hasta englobar ideas, talento, capital, infraestructuras y normativas que faciliten y estimulen. Es decir, personas emprendedoras, universidades, inversores y administraciones públicas comprometidos con el futuro de su comunidad. Si todas las ciudades poseemos esos ingredientes ¿a qué esperar para cocinar nuestra propia receta, única y específica, que dé pie a una recuperación vigorosa de la economía local?

Quedarnos mirando a las erráticas políticas de los estados en materia económica, social y medioambiental no va a servir de mucho en esta nueva etapa de imparable desarrollo urbano. Los alcaldes que así lo comprendan, den un paso al frente y abanderen estrategias valientes de innovación serán los alcaldes que, a cambio del honor de gobernar este nuevo “mundo de las ciudades”, entreguen a su vez a los ciudadanos las llaves de su propio destino. No es tan mal legado, después de todo.

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