El costoso camino hacia el WiFi gratis

La conectividad, junto al talento y la disponibilidad de capital inversor, es uno de los tres pilares sobre las que las ciudades que han decidido virar su modelo económico hacia la innovación asientan sus estrategias. Desde hace más de una década, WiFi es la tecnología que nos permite estar conectados desde un mayor número de dispositivos y lugares.

Tras ser testigos de la implantación sucesiva de tecnologías inalámbricas como 2.5G, 3G y 4G, los usuarios siguen buscando puntos WiFi abiertos allá donde pueden, por razones que van desde el consumo en batería a la velocidad de datos. Consecuentemente, numerosas ciudades han promovido y promueven redes WiFi municipales para facilitar a ciudadanos y visitantes su conectividad en el espacio público.

Extender la red WiFi pública, así como disminuir su barreras de acceso (tanto en precio como en sencillez de conexión) se convierten así en objetivos necesarios. En conversación con los barrios y con la ayuda de las diversas medidas de estímulo económico del Gobierno de España, Zaragoza pasó de 50 puntos de acceso en 2008 a 250 en 2009 y a 460 en 2011. Otras ciudades emprendieron caminos similares, cada una de ellas buscando cuadrar un complicado sudoku: el de la sostenibilidad, la calidad, el bajo coste para el usuario (gratuidad, idealmente), y el del respeto al estricto marco regulatorio. En el caso de Zaragoza, apoyados en la gran penetración entre la población zaragozana de la tarjeta ciudadana (más de 200.000 personas la utilizan) se construyó una red de calidad destinada a apuntalar un modelo de negocio sólido, sostenible y respetuoso son el estricto marco regulatorio nacional, en el que es posible de disfrutar de bonos anuales WiZi (así se llama el servicio) por solo 30 euros anuales.

Aunque hubiésemos deseado ofrecer WiFi gratis desde el principio, la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) imponía que, fuese cual fuese la política de precios, los ingresos respaldaran el modelo de negocio. En esas condiciones, la gratuidad solo hubiera sido posible financiando los costes mediante publicidad. Sin embargo, ya en 2011 el mercado de la publicidad se había debilitado sustancialmente, por lo que juzgamos en ese momento irresponsable aposentar el modelo de ingresos sobre un mercado menguante. En su lugar, apostamos por un modelo de precios populares, similares a los del servicio BiZi (alquiler de bicicletas públicas) con quienes WiZi compartía un mismo perfil sociológico y muy ligado a nuestra tarjeta ciudadana.

Si bien todavía por debajo de la penetración proyectada, el servicio WiZi lleva operando bajo estas premisas tres años y medio, explotado por un operador privado (Eurona Telecom, un socio de la fiabilidad y capacidad adecuada para el proyecto) que ganó un concurso público en el que se establecía la obligación de satisfacer un canon al Ayuntamiento a cambio de la comercialización del servicio. Este método, aún con las dificultades lógicas de unos tiempos difíciles para todos, es el que ha permitido que se hayan podido realizar las actuaciones imprescindibles en materia de infraestructuras durante este periodo y que, bien entrado 2014, el servicio siga prestando la conectividad que los barrios demandaban.

Ahora que empieza a escampar la tormenta de la crisis vemos que la red WiZi de Zaragoza sigue ahí; con algunos desperfectos (el estado de puntos se puede consultar en opendata), pero en pie. Y es su solidez y la fidelidad de sus usuarios lo que nos permite, ahora sí, avanzar hacia una modalidad de WiFi gratis que, por tiempo de conexión limitado y a la velocidad de 256 kbps (nuevamente, condiciones de contorno impuestas por la CMT), pensamos que puede estar operativa este otoño.

Aunque nadie está a salvo de cometer errores, en Zaragoza hemos tratado de construir un proyecto de WiFi de gran alcance, a la altura de la transformación que la ciudad ha experimentado en los últimos años, con un modelo de explotación sostenible y un control público a la vez pragmático y exigente. Con estas bases creemos que es posible seguir avanzando hacia la idea de que la red, al margen de contribuir a un espacio público de calidad, se convierta en esa proyectada plataforma abierta de conectividad sobre la que seguir construyendo proyectos de innovación.

Un pensamiento en “El costoso camino hacia el WiFi gratis

  1. 3 millones de euros de inversión. 180 usuarios de alta en 2016. Suspensión de alta de nuevos usuarios. Si esto es explotación sostenible y control público pragmático y exigente, apaga y vámonos.

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