¿Qué tiene que ver Scratch con la economía? ¿Y con la democracia?

¿Qué tiene que ver un lenguaje de programación, aparentemente fútil y lúdico como Scratch, con asuntos tan rimbombantes como el cambio de modelo económico? ¿O, aún peor, con la profundísima crisis democrática que empieza a asomar sus patitas más horribles por encima de los zapatos de líderes populistas a lo largo y ancho de Europa?

Empecemos por lo más fácil: la economía. Scratch simboliza la autonomía tecnológica por parte de los chavales. Esta relación los padres y madres la entienden perfectamente sin necesidad de detenerse demasiado a pensar. Sólo eso explica el éxito inmediato que tienen los programas para los makers más jóvenes, como las Colonias infantiles Etopia Kids, las muchas actividades de creatividad tecnológica que se están montando por la ciudad, o los espacios y grupos de promoción del movimiento DIY que van progresivamente apareciendo. Las familias intuyen que parte del futuro de sus chavales está ligado al dominio que, como creadores (y no solo como usuarios!) ejerzan sobre la tecnología.

Estamos seguros de que pronto habrá estudios acerca del efecto que la autonomía tecnológica ejerce sobre ese rendimiento escolar y sobre la trayectoria laboral futura. (Insistimos, no hablamos de usar un PC, un móvil o un robot, sino de construirlos y, en último término, crearlos.) Re-inocular la capacidad de crear y construir, unido al cuasi-ilimitado acceso a las fuentes de información, será el germen de futuras microempresas. Por tanto, de una economía local más próspera y bien anclada en el entorno.

La relación de todo esto con la democracia es también importante. Y no solo porque una sociedad con autonomía económica tiene más capacidad para retener y reforzar los valores cívicos y participativos (por oposición, una sociedad cuya economía es débil o depende totalmente del exterior extiende estas debilidades al ámbito de los derechos civiles y democráticos).

Hay una relación más sutil que tiene que ver con cómo los nuevos creadores digitales pueden ayudar a los demás agentes: ciudadanos, empresas, e instituciones, a desarrollar la importante capa de la ciudad que es el espacio digital: redes, apps, software, displays, sistemas, etc. Los futuros tekkis serán consumidores de datos abiertos, acicate de mejoras en las políticas de gobierno abierto y creadores de valor social a través de sus desarrollos.

Por otra parte, integrar a más colectivos en la construcción de la ciudad inteligente y sus sistemas es un ejercicio de co-creación colectiva que estamos seguros va a tener efectos positivos en la calidad de nuestra democracia, estrechando los lazos entre ciudad, empresas, instituciones y ciudadanos. Los laboratorios urbanos donde se realizan estos ejercicios de co-creación colectiva dan cauce a una participación ciudadana extendida que va incluso más allá del Gobierno Abierto. Las instituciones tienen que recuperar legitimidad, y solo lo harán trabajando y esforzándose junto a la gente. La distancia que separa a los municipios de la gente es la más corta de entre todas las insituciones. Nos tenemos mutuamente al alcance de la mano, y seria absurdo no explotar esta evidente ventaja física para tratar de cooperar y entendernos mejor. La lejanía entre instituciones y ciudadanos solo favorece a los populismos.

Y luego está el juego. Y la diversión. El puro placer de juntarse padres e hijos, amigos, vecinos y compañeros para aprender y crear juntos. La dimensión social de todo esto.

Por todas estas razones filosóficas, económicas y sociales, este sábado día 24 de Mayo de 2014 estaremos celebrando, un año más, el día mundial del scratch en Zaragoza. Por todo lo anterior, sí, pero sobre todo y muy especialmente, como decía la canción, “porque nos gusta, y porque nos divierte.”

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