Personas que enseñan, ciudades que aprenden

Hace tiempo que la ciudad no es la misma. No nos referimos a posibles mejoras a nivel de infraestructuras o de proyectos de innovación, sino a un cambio más sutil, más difuso, pero igualmente perceptible. A algo que mucha gente viene oliendo en el ambiente desde hace un tiempo, cada vez con mayor claridad, y que quizás no se ha verbalizado todavía con la suficiente rotundidad. Una especie de radiación de fondo de nuevas ideas, una olla que empieza a bullir subiendo de temperatura y en cuya superficie van aflorando personas, individuos, ávidos de aprender y, afortunadamente, de compartir conocimiento.

En los años que llevamos creando programas y espacios para la innovación, hemos visto aparecer a esas personas, de procedencia y campos profesionales variados, y las hemos visto transformarse, de receptoras de conocimiento a transmisoras, y de ahí a generadoras. Nuestro papel durante este tiempo ha sido, fundamentalmente, alentar ese proceso, acompañar con nuestros medios (a veces más modestos, a veces más amplios) a esa gente que está transformando la ciudad. Acoger sus iniciativas que libremente nos proponen, y tratar de no quedar demasiado mal cuando no es posible aportar los recursos que algunas de ellas merecerían.

El conocimiento que estas personas traen o generan para la ciudad tiene un valor incalculable. Ellas constituyen una poderosa antena que capta lo que se mueve ahí fuera y que lo transforma a unos parámetros locales. Ya estamos viendo cómo otros individuos, empresas, comunidades e instituciones están aplicando esos nuevos procesos, herramientas, filosofías o tecnologías a nivel local, y cómo, de nuevo, algunos de los receptores de ideas suben un peldaño y se convierten en transmisores y generadores, empezando un círculo virtuoso y fascinante: el de las ciudades que aprenden.

No le hemos puesto nombre a la ciudad. Lógicamente, este fenómeno lo hemos percibido principalmente en la que desarrollamos nuestra actividad vital, pero el fenómeno lo hemos vislumbrado también en otros sitios donde hemos viajado recientemente: Manchester, Boston, Amsterdam, Barcelona, París… Por eso, no hablamos de una ciudad en particular, sino de “la ciudad” en general, un lugar único para favorecer este tipo de intercambios.

Algo, esto que acabamos de describir, que los estudiosos de la ciudad probablemente conozcan desde siempre, pues posiblemente se trate de un fenómeno atemporal. Y que en diversas fases de la historia haya influido en el florecimiento las ciudades más exitosas. Por eso debemos ser extremadamente cuidadosos con las personas que “enseñan a las ciudades”. Nos atreveríamos a decir que, en cierta medida, estamos en sus manos. De su motivación y de su número dependerá, en buena medida, el éxito de nuestras ciudades y el futuro de cada uno de nosotros.

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3 thoughts on “Personas que enseñan, ciudades que aprenden

  1. Me gusta sentirme parte de mi ciudad, me gusta ver avanzar a mi ciudad, pero lo que más me gusta es pensar que en algún momento, yo y todos los que aquí vivimos hemos podido contribuir a que nuestra ciudad aprenda.

    • Pues en ese caso, Marta, estás de enhorabuena, porque las ideas, reflexiones e iniciativas que tú y otra gente estáis trayendo y generando va poco a poco calando y ayudando a que otras personas piensen y se pongan también en movimiento. Seguimos, que esto no puede pararse…

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