Del oficio de reconfigurar ciudades

A primeros de Julio compartimos 4 días de trabajo y conversaciones con verdaderos maestros del oficio de transformar ciudades. La reunión de este Comité de Expertos, abierta al público a través de conferencias y seminarios y difundida ampliamente por la Red, sirvió para poner en marcha el gran taller permanente de transformación urbana que representa “Etopia – Centro de Arte y Tecnología”.

Como nos recordaba Dennis Frenchman sentados en una terraza frente al tranvía recién estrenado, en las zonas del planeta de mayor crecimiento económico se vive un boom sin precedentes de nuevos desarrollos urbanos. También aquí, delante de nuestros ojos y en nuestra deprimida Europa, las ciudades se están “reconfigurando” a espaldas de los grandes poderes financieros y políticos pues, como afirma Manuel Castells en su conferencia pública, “el ámbito local ofrece la única esperanza actual de regeneración económica y democrática”.

Hoy en día no hay evento sobre ciudades inteligentes que no mencione el colosal desafío que supone la estimación de que en el año 2050 el 70% de la humanidad vivirá en entornos urbanos. Quienes diseñen las nuevas megalópolis deben afinar el tiro. Una ligera desviación en el tipo de vivienda puede tener consecuencias graves en la producción en masa de nuevos barrios en India, China o Nigeria. Prueba de ello es lo que Castells define como “crisis del modelo urbano de ciudad dispersa” que está sufriendo Brasil y que él interpreta como causa soterrada de la ola de descontento social que recorre el país.

Con semejantes retos globales a los que hacer frente, es comprensible que el fenómeno de las ciudades inteligentes, en el que tampoco Europa marca la agenda, se centre en las cuestiones energéticas y medioambientales. Sin embargo, en Europa las migraciones masivas a las ciudades son pasado. El modelo urbano de ciudad compacta, el más extendido en nuestro entorno, facilita hoy una gestión urbana eficiente, la sostenibilidad energética y la cohesión social.

Pero eso no quita para que no tengamos nuestros propios problemas. Por un lado, sufrimos un serio deterioro económico (27% de paro en España). Por otro, y derivado de lo anterior, confiamos cada vez menos en las instituciones, medios de comunicación y partidos políticos. En estas condiciones, no es extraño que las ciudades más sensibles a esta doble crisis estén preocupadas por el encaje del ciudadano en su modelo de ciudad inteligente. El oficio de transformar ciudades en Europa no se le puede dejar solamente a los arquitectos o a los ingenieros. Situar al ciudadano en el centro implica convertir la construcción de la ciudad inteligente en una ciencia social.

En efecto, la reconfiguración de ciudades que estamos acometiendo en nuestra vieja y entristecida Europa conlleva habilidades más sutiles que las necesarias en los grandes procesos de urbanización en otras partes del globo, de la misma manera que no se requieren las mismas destrezas para rehabilitar una casa que para construirla. Y no solo porque lo primero conlleva una mayor finura técnica sino porque, si la casa, la ciudad o el barrio no se crean de la nada, sino que están habitados, hay que contar con sus habitantes, con sus criterios e intereses, al realizar el trabajo.

El cambio más importante al que hemos de dar salida aquí y ahora no es de tipo cuantitativo (millones de emigrantes de los campos llegando a las ciudades) sino cualitativo: cada vez más conciudadanos que tienen capacidad y deseos de ser artífices de la transformación de nuestras ciudades. El oficio de transformar ciudades que estamos aprendiendo tiene más que ver, por tanto, con “abrir un taller”: poner las herramientas al servicio de la gente, enseñar a utilizarlas y gestionar el espacio de trabajo de manera que se puedan desarrollar en él las dinámicas colaborativas que la naturaleza social y humana de la tarea exige.

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